Puede presentarse a cualquier edad, pero aparece con mayor frecuencia en la adolescencia. Se trata de la queratosis, padecimiento que se relaciona con la acumulación de la proteína queratina en la superficie de la piel, condición que no afecta a la salud pero que brinda aspecto desagradable.
Tal vez usted haya visto, o tocado, a una persona con pequeñas protuberancias en la piel (aparecen generalmente en hombros, muslos, espalda y glúteos) o granitos, las cuales poseen diferentes tonalidades de color, desde el blanco hasta el rojo.

Quizá haya descubierto también que la gente con estas características procura ocultar las zonas corporales antes descritas si asiste a una cena de gala, o bien, cuando acude a la playa, ante el temor de convertirse en blanco de burlas o cuchicheos.
Este tipo de afección se conoce médicamente como queratosis pilaris (coloquialmente se le llama “piel de gallina”), la cual se confunde a menudo con espinillas, aunque tal comparación es incorrecta pues éstas acumulan sebo, mientras que la enfermedad que nos ocupa se refiere al incremento de la proteína queratina, la cual se almacena en los folículos de los vellos en forma de pequeñas protuberancias.
La piel de gallina es un desorden dermatológico que empeora durante el invierno y tiende a desaparecer en el verano, ello porque durante la temporada en que hace más frío la epidermis tiende a resecarse, ya que el agua y grasa, componentes que la mantienen lubricada, disminuyen notablemente. Este trastorno -insistimos-, no es dañino, pero no es nada agradable a la vista y tacto, por lo que la gran mayoría de quienes la sufren desean eliminarlo por fines estéticos.
Herencia y queratina
Esta molesta afección es una condición genética, y aunque se sospecha que algunos alimentos pueden agravarla, entre ellos la leche y sus derivados, no hay datos concluyentes al respecto. Sin embargo, como ocurre con otros problemas dermatológicos, cada caso es diferente, por lo que la atención deberá ser personalizada, pues no toda la gente reacciona de la misma forma ante los tratamientos existentes.
En ocasiones, estas molestas erupciones desaparecen espontáneamente al concluir la adolescencia, aunque la mayoría de los pacientes deben estar bajo tratamiento constante para evitar que reaparezcan.

Una de las afecciones más comunes y temidas es la presencia de várices en las piernas; por ello, cuidarlas para que siempre estén sanas y fuertes es una preocupación constante. Las várices son un problema que puede afectar a cualquiera; sin embargo, hay gente más predispuesta a ellas debido a su fisiología. En todo caso, lo mejor es adoptar algunos hábitos que evitarán su aparición. Es muy fácil seguir estos consejos para lograr unas piernas firmes y tersas, libres de várices.

