Cremas para el cuidado del rostro
Cada piel es única y para mantener su belleza hay que saber que necesita y qué le conviene.
Para proyectar ese encanto individual debes usar cremas con colágeno que nutran tu piel.
Es muy importante saber que con el paso de los años se debe ir cambiando de crema, pues no tendrá las mismas necesidades una piel de 25 años que una de 40, ya que con el tiempo la piel la piel pierde hidratación y el rostro se reseca más, por lo que tendrás que ir adaptando y cambiando la crema según el estado de tu rostro.
Existen factores que igualmente modifican el estado de la piel y que no tienen que ver con la edad. El estrés puede favorecer la aparición de enrojecimiento, acné, piel reseca, capilares visibles y dilatados, por lo que tendremos que utilizar otro tipo de crema específica.
Qué tipo de crema usar
El primer paso es elegir una parte para el día y otra para la noche, pues ambas cumplen roles diferentes. En el mercado de la cosmética existen productos que incluyen en sus fórmulas elastina, retinol, colágeno, serum, espilol e ingredientes naturales como esencia de soya, arroz, maracuyá, entre otros.
Las cremas diurnas están formuladas con sustancias hucmentantes y filtros solares que protegen de los daños ambientales; además, ayuda a mantener el maquillaje. Los radicales libres del sol y la contaminación provocan envejecimiento prematuro y, hasta que este se pone, nuestra piel se defiende sola de todos los agentes externos que la atacan; por ello, al llegar la noche, sus reservas con mínimas y necesita algo más que un buen descanso. Las cremas nocturnas tienen una concentración mayor de principios activos que favorecen la renovación celular, reafirman los tejidos y nutren profundamente.
Reparación nocturna
La piel tiene su propio reloj biológico para adaptarse a las horas de luz y de oscuridad. Durante el sueño, la piel se relaja y se regenera. Según los investigadores, la capacidad de renovación celular nocturna es dos veces más elevada que la diurna, excepto durante la medianoche. Sin embargo, entre las 11 de la noche y las 4 de la mañana el flujo sanguíneo cutáneo aumenta y favorece los cambios celulares para eliminar las toxinas acumuladas durante el día y aportar nutrición. La piel está, por lo tanto, más receptiva y puede recibir de manera óptima los beneficios de un tratamiento.
Por el contrario, cuando estamos estresados y acumulamos horas sin dormir, nuestra piel manifiesta rápidamente los signos de cansancio: pliegues de expresión, como ceño fruncido, gestos desencajados, tensión muscular, cutis gris, ojeras y falta de vitalidad. El rostro también es el espejo del alma y refleja un estado de fatiga general que se resuelve con un sueño verdaderamente reparador.




