Son el boom de la medicina contemporánea y el centro de una fuerte polémica. Las células madre han venido a revolucionar los tratamientos tradicionales y podrían ser el futuro de la medicina.

Las células madre son las células originarias del cuerpo humano, cuyo destino todavía no se ha “decidido”. Basicamente, son células “multiusos” con la facultad de transformarse en cualquier tipo de tejido a través de un proceso denominado “diferenciación”. Por sus propiedades, entusiastas investigaciones médicas vienen explorando el uso de éstas células para tratar condiciones como infartos o apurar el proceso natural de regeneración del cuerpo.
En las fases iniciales del desarrollo humano, el óvulo fecundado se divide primero en dos, luego en cuatro, en dieciséis, sesenta y cuatro, etc. Estas primeras células del embrión se llaman “pluripotentes”, pues pueden convertirse en cualquier otra célula. Así, algunas se convertirán en huesos, otras, en el corazón, el higado, las neuronas, el cabello, las uñas, etc. Así, gracias a esta “diferenciación celular” se forma el cuerpo humano funcional.
Ahora bien, una importante cantidad de células pluripotentes permanecen intactas en la médula ósea del humano adulto y son las que permiten que el cuerpo cure sus daños de manera natural. Sin embargo, el cuerpo no puede regenerarse indefinidamente, o muchas veces los daños son muy fuertes para curarse solos. Allí es donde la medicina juega su papel, que hasta el momento ha consistido en abrir el cuerpo y curar los tejidos.
El tratamiento
Entre sus posibles aplicaciones se encuentra el tratamiento de: infartos, males de Alzheimer y Parkinson, ceguera, sordera, calvicie, diabetes y distintos tipos de cáncer. Asimismo, se puede aplicar células madre para la curación de heridas, rotura de huesos y dientes, distrofia muscular, osteoporosis y reumatismo. Un experimento realizado en EEUU en el 2006 permitió devolver la movilidad a ratas de laboratorio paralíticas. Los investigadores anunciaron entonces que esta aplicación podría empezar a aplicarse en humanos en 5 años.
El tratamiento con células madre obtienen una materia prima de dos fuentes: por un lado, los mismos embriones humanos creados en el laboratorio, llamadas Células Madre Embrionarias (CME); por el otro, células “adultas” (CMA) obtenidas de la médula ósea del propio paciente o de un donante, la principal diferencia entre ambos tipos es que las CMA no son tan versátiles como las CME, pues no se especializan tan fácilmente en funciones distintas a la de su origen.
Las CME en cambio, podrían ser estimuladas más facilmente para especializarse en cualquiera de los cerca 200 tipos de células del cuerpo humano, abriendo un infinito abanico de posibilidades.
Una vez recolectadas, las células son “forzadas” a convertirse en células del tejido requerido. El cultivo se inyecta en el paciente. La idea es que las células nuevas reconstruyan el tejido dañado y ayuden en su recuperación. Si bien la mayor parte de los tratamientos siguen en una fase experimental, los tratamientos con células madre podrían en un futuro ser una opción real frente a los procedimientos quirúrgicos invasivos.
La pugna
Sin embargo, el uso de células madre ha abierto un debate entre los denominados grupos “pro-vida” y organizaciones más liberales, una polémica que al igual que el aborto involucra preguntas que caen dentro de la bioética. Preguntas como ¿cuándo empieza la vida? O ¿Tiene los mismos derechos un embrión que un ser humano desarrollado?
Por su versatilidad, las CME son las más usadas para los tratamientos. Sin embargo se requiere la destrucción del embrión en el 5to día de gestación. Esta práctica choca con la idea de los grupos pro-vida de que la vida empieza en el embrión, que tiene el mismo derecho a la vida que un adulto completo. Así, los principales opositores de esta práctica son el Vaticano y diversos grupos religiosos.

Por el otro lado está buena parte de la comunidad científica que duda de la condición humana del embrión, pues en el corto tiempo de vida del embrión, éste aún no ha desarrollado actividad cerebral. Además, los entusiastas defensores del uso de células madre argumentan que su uso podría ser una solución para enfermedades crónicas y hasta ahora virtualmente imposibles de curar, incluyendo el SIDA.
Uno de los principales activistas a favor de la investigación con células madre fue el actor Christopher Reeve. Conocido sobre todo por el personaje de Superman, el actor estadounidense luchó, hasta su muerte en 2004, a través de su fundación, la “Spinal Cord Injury and Paralysis Foundation“, por permitir la investigación con células madre en tratamientos contra la tetraplejia que sufría.

Por su lado los científicos investigan actualmente formas para extraer células madre sin destruir el embrión. De todas maneras, el tema ya esta sobre la mesa y el público observa esperanzado los avances en la experimentación y tratamientos con células madre. ¿Quién sabe si en un futuro las operaciones de corazón abierto o la quimioterapia serán parte del pasado? Lo que es seguro es que los tratamientos con células madre llegaron para quedarse y conforme la medicina avanza, la esperanza aumenta.
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