El temperamento es la parte de nuestra personalidad que heredamos y el carácter es lo que mostramos a los demás y ha sido formado por las influencias del medio en que nos desarrollamos. Juntos, el temperamento y el carácter forman lo que llamamos la personalidad.

Un niño de temperamento reservado que ha sido presionado para sociabilizar, tal vez se muestre siempre bromista y evsivo, y esos serían rasgos de su carácter para adaptarse a lo que heredó y lo que la sociedad le exige. Un pequeño de temperamento fuerte, pero al que se le refuerzan las conductas de sutileza, formará un carácter controlador.
¿Cómo saber que parte de mi hijo es heredada y qué parte es adquirida? ¿Cómo entender su naturaleza para saber manejarla?

Ante estas preguntas, ocurre el siguiente paralelismo: los colores, como los temperamentos no son buenos ni malos, no son adecuados o inadecuados, sólo son diferentes y capaces de lucir de acuerdo con el entorno.
Los temperamentos, como los colores, se combinan formando armonías o contrastes, combinando o discordando, atenuándose o intensificándose. El resultado de todo forma los caracteres y, finalmente, el mosaico de la personalidad.
¿De qué color es tu hijo? ¿Cuál color es la base de su mosaico? ¿Cuántos tonos posee él?
AZUL
Sensible, profundo y afable, aunque en ocasiones distante y hasta frío.
Un niño calmado y soñador que cede para conservar la armonía. Es el niño “bueno” al que le pegan y no se defiende con golpes, aunque su papá lo amenace con pegarle a él si no se desquita con el niño que lo molesta en la escuela.
El niño o la niña azul pueden ser muy simpáticos y fáciles de querer, sobre todo por los adultos. Suelen ser obedientes, fieles y muy imaginativos. Cuando se enojan, se aíslan y difícilmente expresan sus sentimientos de forma espontánea aunque los conocen a la perfección.
VERDE
Es el niño fresco e ingenioso, al que le gusta hacer cosas y experimentar libremente. Es natural y realista. Le gusta comprar y vender, hacer negociaciones y tratos. Los “verdes” son niños vitales, que dicen lo que sienten y piensan con seguridad, pero sobre todo con naturalidad.
Aunque son productivos, son tranquilos. Les gusta estar en contacto con la naturaleza más que con la tecnología. Pueden ser sumamente volubles, pero para nada influenciables. Son tolerantes, pero capaces de lastimar o intrigar profundamente cuando se enojan. Las niñas y los niños verdes suelen ser optimistas, seguros y confiados.
ROJO
Apasionados, intensos, muy amorosos y al mismo tiempo muy violentos, las niñas o niños rojos nunca pasan desapercibidos, suelen ser líderes poderosos y despertar todo tipo de sentimientos y reacciones en los demás. Las mamas los quieren matar y a los cinco minutos los están amando, porque saben expresar su amor con ternura especial y su enojo con violencia. Los “rojos” lo quieren todo, y se apasionan pensando que también lo pueden todo. Disfrutan intensamente y sufren en la misma medida. Estos niños pueden ser encantadores cuando se lo proponen o insoportables si se encuentran en donde no quieren estar. Son cercanos y extrovertidos y defienden las causas que creen justas.
AMARILLO
Son niños que brillan, que sobresalen por diferentes, por ingeniosos, por sensibles, y son capaces de disfrutar el más mínimo detalle. Generalmente son el alma de la fiesta, porque son creativos y les encanta la diversión, la risa y la música. Parece que todo lo toman a la ligera y generalmente son distraídos y poco apegado a las cosas.
Los “amarillos” son capaces de sacar conclusiones que dejan asombrados a los adultos por la claridad con que ven las cosas. Son niños irritables, poco pacientes y ambiciosos no tanto en lo material, sino en saber más o ser expertos en algún tema. Cuando dos niños amarillos se juntan en el mismo grupo, es común que choquen y alguno se retire. Suelen ver cosas que los demás no perciben y manejan la información para sobresalir. Su creatividad los hace ser originales.

BLANCO Y NEGRO
Así como los colores, las personas tenemos matices. No hay una persona totalmente buena o mala por completo, y tampoco las hay totalmente bonitas o feas.
En la simbología de los colores aplicada a los temperamentos, el negro significaría la intensidad de una característica y el blanco, la atenuación, de tal forma que un niño de color rosa sería apasionado, pero no tan intenso, más bien sentimental, y uno azul claro sería muy espiritual e introvertido, mientras que un chiquillo de temperamento verde oscuro sería tal vez muy intrépido y una niña de color amarillo oscuro parecería un genio incomprendido.
COMBINACIONES
Como en los colores, los temperamentos del padre y la madre se combinan dando niños diferentes con rasgos especiales de cada uno; pero con su propia esencia. Así tendriamos el niño anaranjado que se divierte intensamente por venir de un padre rojo y una madre amarilla, o bien un niño o niña violeta que heredó la espiritualidad de una madre azul y la intensidad de un padre rojo y acaba siendo sacerdote o mago. Y como ocurre en la genética, alguno sacará algo de amarillo del abuelo y algunos destellos azules del tío que lo hicieron ser verde muy especial.

Cómo manejar y entender los colores.
Ahora bien, ¿te imaginas a un niño azul viviendo en una familia de ocres (naranjas, rojos y amarillos)? ¿Cómo se sentirá un niño rojo en medio de padres y hermanos azules?
Si pensamos de esta forma, podremos entender que no hay niños malos ni “ovejas negras” en una familia, sino problemas de armonía que muchas veces se pretenden solucionar uniformando a todos los hijos con las mismas reglas.
Si tú identificas a tu hijo con algún color, piensa en cómo hacer para que luzca, ve en el sus potencialidades y ponlo en la escuela que le combine, en la actividad que armonice con su tono. Edúcalo de tal forma que si notas que su color se ha opacado, lo acerques a ambientes y personas que lo hagan resaltar, y si su tonalidad se intensifica tanto que no lo puedes combinar, tendrás que acercarlo al blanco.
Solemos tener preferencias por un color más que por otro; pero esto se debe mucho al entorno en que lo vemos o a la aplicación que le damos. Si piensas en el color de tu hijo, pon en práctica tus habilidades de decoradora, y verás como no hay niños “difíciles”, sino entornos que lo favorecen o no.
Piensa de qué color eres tú, y te quedará claro por qué chocas más con uno de tus hijos. Eso sí, no quieras volver verde a un niño rojo; mejor aprovecha su intensidad y canalíza para hacerlo brillar.
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